Trilogía del cambio horario

3. El periódico

El cambio horario concede una hora más a esta mañana. El periódico llega cargado de noticias sugerentes. Voy tomando notas.

Jordi Soler escribe, es su oficio, un artículo titulado El reto catalán. Subrayo unas líneas entre un texto inteligente: “¿Qué es un país? Una lengua, una docena de afectos, tres o cuatro paisajes, unos cuantos saberes y olores, y no mucho más”.

Recuerdo Alta traición, de José Emilio Pacheco.

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.

Leo una larga entrevista del director de El País a Mariano Rajoy. Entresaco: “No podemos mandar un mensaje de que el señor que está ilegalmente en España tiene derecho a estar ilegalmente en España; es un disparate”. Pienso que quiero vivir en un país donde un señor que esté ilegalmente en él tenga el derecho a estar legalmente en él, sin más.

Y en ese momento comprendo que estoy de acuerdo con José Emilio Pacheco y Jordi Soler, pero no con Mariano Rajoy y con quienes piensan como él; que, dicho sea de paso, son casi todos los que viven en el país que se dice real. El que yo no quiero.

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