A buenas horas

Lo anuncia el candidato Montilla. Lo repite hasta veinte veces, como hacíamos en la escuela cuando no conseguíamos aprender la lección, la número cuatro de la lista socialista, Laia Bonet: «No habrá tripartito en las actuales circunstancias».

En realidad, hablan de otras cosas. Pero no se atreven a llamarlas por su nombre. Las anuncia el President cuando en estos días se reivindica andaluz de origen y se siente molesto con la facundia identitaria.  Las proclama una lista más laica o, si se quiere, con menos fervor nacionalista.

A buenas horas, después de habernos confundido tanto, de haber dividido a buena parte de la sociedad que elogiaba la pluralidad como un sobrevalor de la igualdad. Hasta que comprendimos que nos estaban dando gato por liebre. Otros prefirieron investir al felino de gazapo.

Siguiendo el símil zoológico, el perro flaco de la izquierda se atiborró de pulgas, que algunos continúan alimentando.

Hace unos días encontré unos párrafos que escribí el día 3 de octubre de 2005. Decía esto.

¿El Estatut? Otro lío. Maragall ha salvado los muebles metiendo a ZP en un aprieto de tamaño natural, del que pueden salir ambos trasquilados. El PSOE parece incapaz de resolver su propio conflicto con mesura y discreción, dando nivel al debate. Al mismo tiempo, el PP ha optado por la vía de la soledad absoluta, que sólo puede encontrar remedio –desde su propia lógica– con una mayoría absoluta. Y los catalanes se ven ahora entre la radicalidad y el posibilismo, sabiendo que no volverán a encontrar un momento más propicio para conseguir su plan, y que ellos mismos pueden hacer inviables ante buena parte de sus ciudadanos unas rebajas que se antojan inevitables.

Una vez más, detrás de cada pequeño debate –y sobre todo, detrás de cada debate esencialista, como el de la «nación», tan falaz– se esconden intereses de vuelo corto, rastreros como Acebes o Bono. El  problema radica en que nadie criba los disparates. Las voces alcanzan la misma dimensión que los ecos (en el mejor de los casos) y sólo hay ruido. El tiempo puede tranquilizar el panorama, pero muchos pescadores se dedican a enturbiar las aguas, porque sólo consiguen capturas en el río revuelto.

A mí me parece un grandísimo debate. Un momento de extraordinario interés político. Para replantearnos muchas cosas. La realidad de España y su traslación a una determinada configuración política y administrativa. El significado del Estado como un instrumento de equilibrio y solidaridad desde una perspectiva interna y también externa. Qué mierda de cosa es la izquierda en la que encallan nuestras zapatillas. Por qué la democracia aleja a los políticos de los grandes debates del medio plazo y hace a la izquierda mezquina, ya sea por insolidaridad (la Izquierda de los países o las regiones ricas, Maragall, ICV, ERC) o por pretender la solidaridad permanente de los otros (la de los países o las regiones pobres, Ibarra) sin exigirse nada a sí mismos ni entender que esa actitud impide la solidaridad con quienes viven en la miseria.

Anda ya..

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