La ley del solo sí es sí surgió, entre otras motivaciones, como respuesta a un clamor. El que generó la sentencia de la Audiencia de La Rioja, luego avalada por el Tribunal Superior de dicha Comunidad, en el caso de la Manada: nueve años de prisión. Una sanción muy por debajo de lo que más tarde estableció el Tribunal Supremo: quince años.
¿Sirve para medir el escándalo generado por la Ley del solo sí es sí? En ese caso concreto las rebajas de la nueva norma no se han producido, la propia Audiencia provincial, las ha negado. Ni siquiera ha atendido el recurso del único penado que lo planteó, en el que pedía rebajara la pena a 13 años y 9 meses. O sea, que el máximo reclamado por el abogado defensor al supuesto coladero de la nueva ley equivalía a menos de 10 por ciento de la condena efectiva. O sea, un desiderátum. Para colmo, la petición fue denegada.
¿Es ese caso, tan significativo, el más representativo del lío en el que andamos metidos?
No, las polémicas rebajas han afectado, sobre todo, y en una mayor proporción a los delitos menores. No, las polémicas rebajas no han sido masivas; de hecho, las sentencias ratificadas han duplicado a las minusvaloradas. Y alguna de las corregidas resulta tan ignominiosa como la de un condenado a 12 años que “por culpa de la ley del solo sí es sí ha salido directamente de la cárcel; a la afirmación anterior solo le falta un matiz: al delincuente le quedaban tres meses para agotar su condena.
O sea, que da toda la impresión de que, en aras de la dureza, el PSOE ha decidido mirar a un electorado, que, en casos como éste, parece fácilmente manipulable.
