
El optimismo de la voluntad puede ser solo una manera de esconder la realidad o una forma de engañarnos. ¿Qué otra cosa se puede pensar cuando se leen los deseos que el compañero Juan Sauceda expresaba hace apenas dos años? ¿Dónde quedaron sus propósitos diletantes?
Releo la conclusión de aquella reflexión navideña navideña: «Porque vienen tiempos aún más turbios que pueden aumentar la confusión y que, tal vez, obliguen a defender a toda costa lo que conseguimos y aún nos queda».
LOs tiempos anunciados llegaron y se instalaron entre nosotros. Ya ni siquiera quedan fuerzas para apelar al optimismo que exige la mera circunstancia de estar vivos. Pero habrá que exprimirlas antes de que la indolencia, la depresión o la fatalidad nos sepulten.
Sí, frente a la pandemia del Covid 19 nos queda la esperanza de las vacunas; frente al temporal y el hielo, la seguridad de que llegará la primavera; frente a la sinrazón como argumento… la esperanza de la capacidad de autodestrucción del sinsentido. Trump nos estimula en esta vía: tras tantos despropósitos, él mismo cavó su propio ocaso. A los demás nos queda la posibilidad de enterrarlo hondo, muy hondo. A él y a quienes aún le aplauden.
También podemos echar mano al refranero: año de nieve, año de bienes.
Ya veremos, pero con el ánimo bajo cero, la nieve y el hielo no se irán solos.
