
Mejor no hablar, no.
En las últimas semanas las críticas contra los fundadores y principales beneficiarios de los extorsionadores Manos Limpias y Ausbanc han sido unánimes, pese al silencio cómplice que durante largo tiempo habían encontrado en demasiados ámbitos.
El supuesto sindicato ultraderechista Manos Limpias fue apoyado por numerosos e influyentes medios, incluso por la abogacía del Estado, la Fiscalía y la parte más reaccionaria de la judicatura en procesos que hicieron tambalear la confianza en el Estado de derecho. Una vez convertido en la maquinaria de extorsión a la que aspiraba distribuyó sus iras en otras direcciones, buscando réditos indiscriminados.
El facherío encuentra siempre la complicidad de la derecha gobernante, ya sea estimulándola desde dentro o aprovechando los huecos de su inacción. La persecución del poder público contra el juez Garzón, por ejemplo, alentó a las bestias. El absentismo del mismo poder público contra los desmanes cometidos en la Casa Real justificó a la misma jauría. Y así encontraban cómplices más o menos satisfechos y otros dispuestos a aportar pingües réditos. Entre aquellos, a los medios de comunicación, unos u otros, según el momento.
Algunos consumidores se salvaron de ciertas tropelías de las denominadas instituciones financieras gracias a Ausbanc, que luchó aparentemente contra las cláusulas suelo y algún otro desmán de los agentes bancarios.
De ese modo, Ausbanc y Manos Limpias, a veces en solitario y otras en comandita, se labraron una imagen que favorecía y escondía su verdadero negocio: la extorsión. Así se desprende del auto del juez Pedraz que ha dado con los máximos representantes de ambas organizaciones en la cárcel.
Sin embargo, en esta red hay otros actores y muchos cómplices.
¿Los extorsionados son inocentes? Porque hubo otros, aunque fueran los menos, que recibieron presiones y se resistieron e incluso las denunciaron. Y sobre todo, porque los extorsionados–colaboradores pagaron contra los intereses de sus clientes y de los ciudadanos.
¿Son inocentes los medios de comunicación? ¿Qué podían argüir en estos casos sabiendo, como sabemos, que muchos de ellos han sobrevivido durante años gracias a prácticas similares, aunque más implícitas que expresas?
De algún director de medio digital se ha dicho que acudía ante sus posibles patrocinadores, a gestionar la publicidad o el respaldo económico, pistola en mano. La financiación de muchos de estos pasquines panfletarios se hace de modo encubierto por agentes económicos y políticos. Se paga la adulación y se compra el silencio.
No solo es cosa de los medios pequeños o marginales. También de los grandes. Las alianzas publicitarias, los apoyos económicos, las participaciones accionariales, las adquisiciones de deuda obligan a reconocer que vivimos en un espacio de comunicación corrompido por el poder de los intereses y el dinero. Telefónica, Iberdrola, El Corte Inglés y los que le siguen en la lista de las grandes corporaciones saben cómo conseguir el beneplácito, casi siempre, y el mutismo, a veces, de los medios de comunicación. Grandes y pequeños, aunque por distintos medios.
Está bien desenmascarar a los truhanes. Pero poco habrían hecho ellos sin el amparo de quienes tienen la influencia y el dinero.
Por eso, lo de Ausbanc y Manos Limpias suena a una acción de oportunidad y conveniencia. Se les fue la mano. Se les pasó la hora.
Y, en consecuencia, de los medios, mejor no hablar.
