
«Las Hurdes, tierra con alma». Jesús M. Santos, 2015
El desbarajuste que padecen actualmente la producción y la distribución cinematográficas en España, fruto de una política errática que más parece una operación sistemática de castigo, tiene como consecuencia, entre otras muchas, que abunden las creaciones artesanales, los ensayos de reflexión interesantes, en términos de ficción pero sobre todo documentales, que no gozan de la difusión que merecen, teniendo que recorrer circuitos alternativos y aspirando, como máximo, a la participación en algún festival especializado o a la programación de forma esporádica en determinadas cadenas de televisión, por lo general sin la promoción adecuada. Abundan los ejemplos, a los que nos hemos referido aquí cuando ha sido posible.
Algo de eso puede ocurrir, y ojalá nos equivoquemos, con este Las Hurdes, tierra con alma, dirigido por Jesús M. Santos –promotor en 2012 de otro atractivo documento, Perú sabe, sobre el papel social que desempeña la gastronomía en aquel país, de la mano de los chefs Ferrán Adrià y Gastón Acurio– y que acaba de estrenarse en los lugares donde ha sido rodado.
Con solo atender al título se comprende que el trasfondo y contexto en que se sitúa la obra es el clásico de Luis Buñuel, Las Hurdes, tierra sin pan (1932), que para unos estudiosos es una de las cumbres del género documental, para otros una pieza de creación cercana a los planteamientos teóricos del surrealismo, para algunos una valiente denuncia de la terrible situación por la que atravesaba la comarca en los primeros años de la República, y para otros, en cambio –sobre todo entre sus habitantes, todavía–, una causa de desprestigio y hasta de denigración de esa tierra y sus moradores.
A todas estas cuestiones se enfrenta directamente la película de Jesús M. Santos, hurdano de adopción él mismo. Y lo hace sin ánimo de sentar cátedra ni defender una tesis a ultranza, sino con un cuestionamiento sereno y directo de esas posiciones encontradas, a partir de testimonios muy diferentes.
El hilo conductor lo constituyen las reflexiones de la actriz Adriana Ugarte –sobrina nieta del amigo y colaborador de Buñuel, Eduardo Ugarte– y, en paralelo, las entrevistas que mantienen por separado ella y el actor y músico Jimmy Barnatán con numerosos hurdanos, algunos supervivientes de la época en cuestión, otros descendientes directos de aquellos y otros –en una secuencia iluminadora– jóvenes estudiantes que solo han oído hablar del asunto pero mantienen opiniones discrepantes que intentan justificar en la medida de sus posibilidades. Todos merecen ser citados en pie de igualdad, por el interés de sus aportaciones, del mismo modo que la excelente fotografía de Santiago Racaj y el ágil y ajustado montaje de Antonio Gómez-Escalonilla.
Junto a todo eso, y a una sucesión perfectamente dosificada de hermosas imágenes aéreas del territorio, en abierto contraste con fragmentos muy significativos de la película de Buñuel –según la versión restaurada por la Filmoteca Española en 1996, con locución de Francisco Rabal–, breves intervenciones de expertos conocedores de la filmografía, la personalidad y la época del cineasta añaden informaciones que ayudan al planteamiento lo más ecuánime posible, y a la vez notablemente informativo, del tema en cuestión.
Por todo eso, al acabar los 62 minutos de proyección se tiene la impresión de haber asistido a un sentido homenaje a varias cosas a la vez. A la propia comarca de Las Hurdes, en su durísimo pasado y su prometedor presente –aunque huyendo conscientemente de cualquier sesgo propagandístico–, a sus habitantes de ayer y de hoy, pero también al cine en general, a su poder para interpretar la realidad y sus posibilidades de contribuir de algún modo a transformarla, y al propio Buñuel, fueran cuales fuesen sus verdaderas intenciones al abordar aquel proyecto aparentemente tan ajeno a lo que había constituido su estilo hasta el momento, y cuyo resultado dio lugar a tantas polémicas, siendo prohibido en su momento por el gobierno de la República y después, durante bastantes años, por el régimen franquista.
Esos elementos, así como lo que aporta a la siempre sugerente discusión sobre la hibridación entre documental y ficción, hacen que Las Hurdes, tierra con alma deba ser contemplado con atención, no solo en su ámbito de referencia directa, sino fuera de él y, en última instancia, en todos aquellos lugares a los que llegó en su día Las Hurdes, tierra sin pan, que fue en realidad el mundo entero, dada la indudable trascendencia y repercusión del cine de Buñuel en su conjunto, y de este título en particular.
FICHA TÉCNICA
Dirección y Guion: Jesús M. Santos. Realización: Ione Hernández. Ayudante de dirección: Agustina Sangüesa. Fotografía: Santiago Racaj, en color. Montaje: Antonio Gómez-Escalonilla. Música: Jimmy Barnatán. Intervienen: Adriana Ugarte y Jimmy Barnatán, con Florentino Martín, Antonio Franco, Carlos López-Tapia, Agustín Sánchez Vidal, Fernando Lara, padre Ramón, Domingo Velaz, Manuel Guillermo, Carlos Barbáchano, Maite Conesa, Berta Martín Sánchez, Encarna Azabal, Petra Francos, Hortensia Velaz, Isidoro Martín, José María Vázquez, Juan Antonio Pérez Millán, alumnos del Instituto Gregorio Marañón, Loli y Raúl Domínguez, Miguel Domínguez, Beatriz Martín Vázquez, Ismael Hernández Crespo, Ángela Martín Mateos, Charo Cesteros, María José Nieto, Daniel Martínez. Producción: Tensacalma, Corporación Radiotelevisión Española y Canal Extremadura (España, 2015). Duración: 62 minutos.
Más información en programadoble.com, el blog de Juan Antonio Pérez Millán.
