
Hablaban en la radio de la precariedad, de las condiciones laborables bajo mínimos a las que numerosas personas se ven obligadas a trabajar en estos tiempos.
La presentadora del programa quiso ratificarlo:
– Bastaría con salir a la calle y preguntar.
Se corrigió inmediatamente.
– Ni siquiera haría falta salir a la calle.
No la aplaudieron al otro lado del estudio (o la pecera)… de milagro.
