
Voy de viaje. Escucho la radio. En un programa en el que el invitado recuerda las canciones de su vida apara el padre Ángel, fundador y máximo representante (se supone que no máximo accionista) de Mensajeros de la Paz. El saca a cantar a Víctor Manuel, Perales, Mocedades, Carlos Roberto y Joan Manuel Serrat. Vistos los gustos, no sorprende que no sepa a quién votar, porque reconoce que podría votar a “los cuatro”. Sin embargo, al final responsabiliza a los ciudadanos de las repercusiones de “su” voto.
No se entiende. Quizás sea necesario saber qué hay detrás de tantos orfanatos, centros asistenciales, hospitales… del padre Ángel o de Mensajeros de la Paz, según se quiera, en muchos casos subvencionados con fondos públicos, aunque gestionados por la ONG negando derechos a los trabajadores, imponiendo condiciones abusivas, amparando direcciones sin criterio…
No, el padre Ángel, entre Perales y Mocedades, ha estado en campos de refugiados en Macedonia, ha pedido soluciones a los cuatro partidos que se disputarán el poder en las elecciones, ha pedido a sus dirigentes que viajen a ver las condiciones de los inmigrantes que llegan de Siria a los países europeos… No tiene tiempo de ocuparse de lo que pasa en su territorio, donde se hace bien el bien. O eso supone y eso se cree. Aunque quienes trabajan en sus instituciones, las que he podido conocer, sienten que trabajan para una empresa, sin más. En los centros la emoción la ponen ellos, sin músicas ni flashes.
Pronto asistiremos a los primeros trámites para la canonización. El programa se cierra con un alegato de los oyentes en ese sentido.
