
Si la retransmisión de la final de la Copa que hizo Telecinco la hubiera firmado TVE el escándalo habría sido apoteósico.
Llega el rey al palco: en la grada hay pitos, no se oyen, no se comentan, no se muestran a los espectadores.
Suena el himno: los pitos aumentan a ambos lados, el sonido marcial apaga el fondo del estadio, planos generales de las gradas, cortos de las autoridades, ni un comentario sobre la reacción del público.
Empieza el partido.
Ni una mirada atrás.
Los medios al día siguiente: silencio.
