El loco Darío Fo

Dario Fo fue un descubrimiento. La muerte accidental de un anarquista nos hizo ver, entre el sarcasmo y la denuncia, los entresijos de la manipulación y los restos de la dictadura que operaban bajo el nuevo ropaje recién estrenado. Luego le vimos ejerciendo de juglar, solo y a pecho descubierto, ante los obreros en huelga convocados en los accesos de la fábrica, frente al dario-fo_2101Vaticano, siempre contra los poderosos. Le bastaban una silla o unas escaleras, una escenografía mínima, para animar a la rebeldía mediante la imaginación y la burla; a favor de la solidaridad, los derechos y la libertad.

Alcanzó la cumbre de su dramaturgia con su Misterio bufo, un ejercicio actoral formidable, y así fue para siempre una referencia de la pasión por el teatro, del compromiso insobornable y de la lucidez de la burla.

Ha muerto. Antes lo hizo Franca Rame, compañera del alma. No es posible olvidar lo que aprendimos de ellos, aunque su memoria pese hoy como una losa: ¡Ya no hay locos!, anunció León Felipe. Hoy hay que gritarlo, desgraciadamente, más alto.

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