
Cien grandes científicos piden inversiones para evitar que un asteroide destruya la tierra. Pretenden la fabricación de un láser que desvíe las trayectorias de los asteroides que puedan condenar a la especie humana a repetir la historia de los dinosaurios.
Tienen razón. Urge el invento. Los meteoritos que nos han caído encima y los que nos amenazan, ni uno ni dos, son mucho más peligrosos que un pedrusco desorientado, por gigantescas que sean sus proporciones.
Véase:
- Mariano Rajoy, que estrumpe sin hacer ruido.
- Donald Trump, que hace ruido antes de estrumpir.
- Marine Le Pen o Francois Fillon, que más o menos son lo mismo.
- Theresa May, que ya no necesita a Lafarge.
- Renzi, si no le ponen en la calle dentro de cuatro días.
- Por no hablar de Polonia, Turquía, Holanda, Hungría…
- Tantos otros.
Y todos los que amenazan con venir, mientras los medios se fijan en el desaliño indumentario de un PSOE a la deriva.
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¿Hay remedio?
Uno, a nuestro alcance.
Si la homeopatía en EE.UU. deberá advertir en sus envases de que no funciona, cabe la posibilidad de que a algunos discursos, a algunos programas, a algunos tipejos se les cuelgue el mismo cartel: ¡No funciona! Incluso se podría añadir: ¡Te estamos estafando!
Entonces, el problema caería en el bando de los afectados, de los que pueden ver el aviso: ¿Sabrían leer? ¿Podrían entender?
Si ése es el problema, el arreglo no está a la vuelta de la esquina.
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Mejor que unos cuantos científicos inventen y fabriquen el láser contra los meteoritos. Aunque sólo sirva para montar un lío cósmico.
