
Esperanza Aguirre volvió a dimitir. Y esta vez parece ir en serio. Condenada por confiada, según ella. Fiadora de sus verdugos, como poco.
Algunos se han preguntado, aunque retóricamente, cómo una supuestamente acreditada headhunter pudo cometer tantos errores a la hora de elegir a sus colaboradores y a sus personas de confianza. La pregunta parte de un eufemismo: creer que los talentos que apetecen esos buscadores deben estar dotados de dignidad y decencia.
¿Acaso los headhunters excluyen en sus actividades cinegéticas a golfos, a personajes escasos de escrúpulos, a especuladores, a malabaristas de las finanzas y las relaciones laborales? ¿Qué buscan, si no, en muchos casos? Es posible que las empresas que contrataron los servicios de la duquesa conocieran sus habilidades al detalle. En este mundo escasean los inocentes.
¿Por qué hay que atribuirle al hunter–cazador virtudes que no necesita el hunted-cazado
Por ahí se cuela la corrupción: a través de los corruptos. Y crece. Y se multiplica.
