La estrategia del escorpión

Al tiempo que anunciaba su salida del Gobierno y el abandono de la política activa, Pablo Iglesias designó a su sucesora. En aquel momento sus declaraciones parecían ciertas, aunque, luego, los hechos acabaron matizando las afirmaciones originales. En su caso, cabía suponerlo, el abandono de la actividad pública iba a resultar una tarea mucho más ardua que convertir en abstemio a un drogadicto. De hecho, sus irrupciones en el tablero han sido cada vez más frecuentes e incluso determinantes. Último ejemplo: antes de que Ione Belarra se lanzara por la senda del “No a la guerra”, él ya lo había anunciado desde algunos de sus púlpitos.

El nombramiento de Yolanda Díaz como sucesora áulica del líder inmolado resultaba en sí mismo paradójico. Del asamblearismo original se pasaba al dedazo. La heredera se dio un tiempo para digerirlo y pronto condicionó su aceptación a la exclusión de una lucha de egos que devaluaran un debate de ideas y compromisos. Sin embargo, cuando parecía llegado el momento de abordar definitivamente esa ruta, todo parece al borde de la quiebra.

Para empezar, Yolanda Díaz puso de largo su iniciativa en una reunión en la que participaron, junto a ella, Ada Colau, Mónica Oltra y Mónica García; es decir, representantes de los Comunes, Compromís y Más Madrid, junto a la convocante, adscrita al Partido Comunista. Nadie más.

¿Ha llegado el momento y la oportunidad para llamarle la atención? ¿El No a la guerra, en Ucrania significa el Sí a la guerra en la coalición hasta ahora liderada por Unidas Podemos?

Eso es lo que está en juego. Mucho más que el liderazgo de la izquierda del PSOE, porque también influye, e incluso determina, la viabilidad futura de un gobierno con ciertos visos progresistas.

Cabía temerlo. Más que de una estrategia, se trata de la naturaleza misma del escorpión.

Artículo anteriorConsulta ginecológica
Artículo siguienteLa Corona, cuestión de herencia