Los demócratas

Hay quienes se empeñan en confundir los términos. En estos días proliferan eslóganes sorprendentes. Dícese, por ejemplo, ahora que se barruntan movimientos algo más que tácticos en el entramado terrorista, que “los demócratas no tenemos nada que hacer, que se muevan ellos”.

Repiten la cantinela, por doquier, personajes, se supone, convencidos de representar el paradigma del buen demócrata pese al tufillo totalitario que su afirmación desprende. ¿Estamos todos obligados a pensar y/o a hacer lo mismo? ¿Se puede disentir? Si discrepamos, ¿ nos lo echarán en cara los que tienen el carné de demócratas? Cabe temer que sí. O sea, la verdad, mejor no disentir. Por mor de la democracia.

Metidos en la harina de estos asuntos relacionados con el fin del terrorismo, ahora también se aplica el eslogan del “niño, eso no se dice, eso no se toca”. Y lo esgrimen los mismos que insinuaron que las cosas están cambiando y los que volvieron a poner al gobierno en la picota, porque a unos y otros les convenía decir aquellas cosas, por meras razones partidistas, sin importarles si lo del fin del terrorismo, amén, era un razonable tema de conversación e incluso de controversia. ¿A qué viene ahora que nos manden callar? ¿Por qué no se callan ellos?

Y nosotros, entonces, ya veremos…

 

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