MVM. Una obra póstuma que era un prólogo

Quizás no sea una gran novela, pero sí el preludio, hasta ahora ignorado, de una gran obra. Los papeles de Admunsen (Navona, 2023) llaman la atención por lo que anticipan, que es, contradictoriamente, lo que en verdad conocemos y valoramos. Tal vez ese carácter premonitorio constituya lo más relevante de esta obra primigenia de Manuel Vázquez Montalbán, cuyo manuscrito han rescatado del archivo de MVM de la Biblioteca de Catalunya para la imprenta José Colmeiro y el equipo de la editorial Navona.

El lector conocedor de la obra polimórfica de Vázquez Montalban encuentra en Los papeles de Admunsen numerosos motivos para la complicidad y el reconocimiento de muchos de sus trabajos posteriores y de la época en la que vivió: la agudeza crítica -a veces, mordaz– con la que se enfrenta a las situaciones cotidianas, la ironía desde la que observa a los personajes de una sociedad cargada de falsedades públicas y contradicciones íntimas, la mirada disidente respecto de los movimientos en los que el propio autor participó, la distancia con la que refleja la experiencia de la cárcel que él mismo sufrió y donde empezó a escribir precisamente Los papeles de Admunsen, entre otros textos; la publicidad como epítome de la sociedad capitalista, la huida de cualquier mixtificación de la clandestinidad o la habilidad para sortear las restricciones impuestas por la Dictadura, la mediocridad como trasfondo de la sociedad en ese tiempo y la negación de cualquier fórmula de alivio o benevolencia con los hechos y los personajes sin recurrir a la descalificación grosera o militante. Así es la vida en ese tiempo. Unos lo vivieron desde posiciones privilegiadas y otros reclamaron unas expectativas que la realidad fue limitando inexorablemente. Y todo ello mediante la interacción e incluso la fusión de los referentes populares con la aparente alta cultura.

Aspectos tan diversos fluyen por un texto de fácil lectura, donde Admunsen, heterónimo del propio MVM, es un aspirante a escritor que debe vender su talento a la promoción de productos ajenos a sus intereses pero que le abocan a una vida desencantada, compartida con distintos arquetipos de las distintas clases sociales que conforman una sociedad definida por la mediocridad.

El manifiesto subnormal,  Las alegres chicas de Adzavaras, El pianista y otras obras posteriores van sonando a medida que el texto avanza. Son guiños póstumos para los adictos a MVM. Ellos volverán a releerlos deprisa y divertidos a través de una obra póstuma que en realidad es su prólogo.

Artículo anteriorPiruetas verbales
Artículo siguienteTVE reacciona, pero eso no basta