«Neruda». Pablo Larraín, 2016

LAS MIL CARAS DEL GENIO

384764-jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxEl productor y director chileno Pablo Larraín ha permanecido siempre atento a la realidad reciente de su país, en especial a lo ocurrido bajo la sangrienta dictadura militar de Augusto Pinochet y sus consecuencias, con títulos como Tony Manero (2008), Post mortem (2010) y No (2012), tras los cuales llevó a cabo un estremecedor análisis de los bajos fondos ocultos de la iglesia católica en El club (2015).

Ahora vuelve la vista más atrás, hacia los últimos años cuarenta, cuando el poeta y senador chileno Pablo Neruda, miembro destacado del Partido Comunista, fue desposeído de su fuero y perseguido con saña por la policía del presidente Gabriel González Videla, apellido por cierto involuntariamente premonitorio del de otro general que iba a ensangrentar Argentina décadas después.

Pronto queda claro, sin embargo, que Neruda no va a ser un retrato biográfico convencional del premio Nobel de Literatura, ni tampoco un relato lineal, en clave realista, o cuando menos verosímil, de las peripecias sufridas durante los tres años que duró el acoso en su país, obligándolo a vivir en la clandestinidad antes de trasladarse a Francia a través de la escarpada frontera de Chile con Argentina.

A003_C001_01087FPablo Larraín opta por plantear su visión de aquellos años, y del propio protagonista, mediante el procedimiento de crearle un antagonista de ficción, que al mismo tiempo ejerce de narrador en distintos momentos del filme. Se trata del agente Óscar Peluchonneau, hijo ilegítimo del creador de la policía federal, que intenta construirse una personalidad respetable, con una extraña mezcla de autosuficiencia rayana en la egolatría y torpeza profesional, que se tornará en verdadera incapacidad para cumplir la misión que se le ha encomendado.

En cuanto a Neruda, el guion del dramaturgo Guillermo Calderón lo presenta como una figura profundamente contradictoria, de posiciones ideológicas firmes pero también dado a la buena vida, los lujos de la alta sociedad y los burdeles populares, capaz de declamar en todos esos ambientes sus poesías con un tono engolado y grandilocuente, y seguido siempre con lealtad por su segunda esposa, Delia del Carril, con la que no pudo casarse oficialmente porque la A034_C003_0101GBjusticia chilena se negó a aceptar su divorcio de la primera. Y es momento de subrayar la magnífica interpretación del personaje de Delia a cargo de la actriz Mercedes Morán, frente al hieratismo que Luis Gnecco confiere al de Neruda y al estereotipo de malo-malísimo con bigotillo fascista y rictus de desprecio que la realización impone a Gael García Bernal en su encarnación del policía perseguidor.

Pero es que también da la impresión de que Pablo Larraín, al hilo del tono entre crepuscular y fantasioso que ha decidido imprimir a la historia –que él califica de nerudiano–, acaba convirtiendo los rasgos que habían configurado su estilo, especialmente en su película anterior, en una serie de tópicos visuales que recargan la narración innecesariamente: oscuridades que tienen sentido, por ejemplo, en la densa penumbra rojiza de los burdeles o en las inquietantes estancias policiales y gubernamentales, peroE009_C001_01011Q que poco aportan en otros muchos momentos; contraluces forzados, contrapicados enfáticos para subrayar la megalomanía de los personajes y picados excesivos para enfatizar sus fracasos, así como movimientos de cámara constantes y repetitivos, con el fin de reforzar la tensión en determinados momentos… Recursos audiovisuales que al acumularse sin medida restan credibilidad al conjunto y hacen innecesariamente ardua su contemplación.

122983-jpg-r_1920_1080-f_jpg-q_x-xxyxxEn ese contexto, puede que lo más sugerente de la película sea la idea de que tanto el poeta comunista como su perseguidor están definidos, al menos en parte, por lo que cada uno de ellos piensa o imagina del otro. Idea sugerida en algunos pasajes, que proporciona una dimensión más atractiva y compleja que lo que se nos cuenta en primera instancia, y que cobra todo su sentido en la larga secuencia final, rodada en la nieve fronteriza entre los dos países y cuyo planteamiento y desarrollo en ningún modo puede verse como una acción realista.

No cabe duda de que Pablo Larraín ha decidido ir formalmente lo más lejos posible en su revisión de unos años concretos de la historia de Chile y de una de sus figuras más prominentes, corriendo riesgos que pueden lastrar en demasía el resultado.

 

FICHA TÉCNICA

Dirección: Pablo Larraín. Guion: Guillermo Calderón. Fotografía: Sergio Armstrong, en color. Montaje: Hervé Schneid. Música: Federico Jusid. Intérpretes: Luis Gnecco (Pablo Neruda), Gael García Bernal (Óscar Peluchonneau), Mercedes Morán (Delia del Carril), Pablo Derqui (Víctor Pey), Alejandro Goic (Jorge Bellet), Marcelo Alonso (Pepe Rodríguez), Alfredo Castro (Gabriel González Videla), Emilio Gutiérrez Caba (Pablo Picasso). Producción: Fábula, AZ Films, Funny Balloons, Reborn Prod., Septembro Cine. (Chile, Argentina, Francia, España y Estados Unidos, 2016). Duración: 107 minutos.

Ver todas las críticas de Juan Antonio Pérez Millán. 

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