Noviembre 17. Ajuste de tiempos

Roldán y Solbes ajustan cuentas. Los dos aparecen en El País. Uno en el suplemento Domingo, otro en el colorín. Entrevistados por dos ilustres: Carlos Yárnoz, amigo, y Juan José Millás, conocido. Uno y otro, Roldán y Solbes, explican lo que hicieron. A nadie se le puede reprochar que explique su comportamiento en la actividad pública; es su obligación y su derecho. Hay que exigirles tan solo que lo hagan honestamente.

Roldán y Solbes, ambos, reconocen errores y señalan los cometidos por los respectivos gobiernos a los que pertenecieron. Están en su derecho de narrarlo y los ciudadanos en el de evaluararlo.

Roldán asume, sin reparos, su condición delincuente, pero rehúsa explicar dónde guarda los ahorros, y acusa a su presidente (y al gobierno correspondiente) de haber alentado una maquinaria tenebrosa.

Solbes asume su tolerancia y, por ello, cierta complicidad con los errores de su gobierno, pero se escuda en un concepto del servicio publico contradictorio con actual comportamiento y acusa a su presidente (y al gobierno correspondiente) de errores que agudizaron la crisis económica.

A Roldán no le defiende nadie. Al gobierno que le permitió cometer tropelías, tampoco. Pero esto ocurre hoy, no entonces. Cuestión de tiempos.

A Solbes le defienden ahora muchos de los que le criticaron, mientras su gobierno recibe críticas más encarnizadas que entonces. Pero al gobierno actual, que hace lo que Solbes quiso, le reclaman que haga lo que quiso hacer el gobierno de entonces. Cuestión de tiempos.

Hay más diferencias: se trata de dos asuntos claramente dispares. La barbarie no admite complacencias ni cuando se tolera mayoritariamente. La gestión de la economía alienta las discrepancias. ¿En qué situación estarían hoy  muchos trabajadores y no trabajadores (parados), si no se hubiera subido el salario mínimo, como quería Solbes? ¿Habría bastado adelantar los recortes para que fueran menores? Son preguntas que carecen de respuesta y el propio Solbes, siempre mesurado, lo reconoce.

Para Roldán el tiempo no ha aliviado el juicio, aunque haya favorecido el olvido. A Solbes el tiempo le ha dado la razón en lo que preveía, pero no, o al menos de manera tan rotunda, sobre lo que proponía. Aunque él sí conserva el crédito, entre otros, de los que ni previeron ni corrigieron el desastre. Ajuste de tiempos. O tiempos de ajuste. O ambas cosas.

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Complot contra Francia proclama Krugman en su homilía dominical. Habla desde la perspectiva de Estados Unidos, pero podría hacerlo desde la europea y la francesa. ¿Qué ocurre, pues? ¿Que mandan los mismos, que solo unos pocos imponen sus relatos allí, acá y en todas partes? ¿Quién aporta un juicio razonable? ¿Será el fracaso de Hollande el que le imponen sus adversarios?

Él es solo un hombre y, también, un hombre solo.

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