
La Conferencia del PSOE merece atención y respeto. ¿Bastará eso para alcanzar la credibilidad que perdieron?
En la encrucijada que vivimos, con la socialdemocracia desnortada y reo de sus insuperables contradicciones, la renovación de su propuesta programática debe ser evaluada. De manera muy especial, porque, entre las que pueden llegar al gobierno, tal vez sea todavía una de las más factibles, con apoyo o en apoyo de otros.
Aceptemos que el PSOE parece incapaz de afrontar una definición ideológica nítida, basada en principios, en prioridades, en apuestas por un modelo social, económico y político a partir del cual articular una propuesta estratégica reconocible y autónoma. Insistir en ello conduce a la melancolía. No obstante, de la relación (no solo la retahíla) de sus propuestas se desprenden algunas pautas, parciales e incluso insuficientes, de lo que busca o, al menos, de lo que ahora propone. Y entre ellas, como mínimo, se advierten gestos dignos de ser considerados y aspectos respetables. Por eso, decía, la Conferencia en que se han inmerso merece atención y respeto.
Sin embargo, no basta. Porque esa afirmación hoy choca con el descrédito que el propio partido se ha ganado en los últimos años (tan cierto como los excesos vertidos sobre el anterior gobierno y la actual oposición por competidores, iluminados varios y advenedizos con menor bagaje teórico que los propios criticados). Como esa actitud ha penetrado a una parte importante de la ciudadanía, incluidos algunos colectivos dinámicos e influyentes, son muchos los que descalifican o, al menos, desconfían de todo lo que guarde relación con el PSOE.
¿Entonces? Sólo en la medida en que este partido afronte una auténtica catarsis, un reconocimiento de errores y la sanción de quienes colocaron a los supuestos ideales al servicio de sus intereses (de poder, prestigio o económicos), podrá cambiar la actitud de buena parte de la ciudadanía. Hacen falta, sí, nombres nuevos; pero, al mismo tiempo, sobran otros muchos viejos, que deben ser apartados de las bambalinas, de la tramoya e incluso del teatro.
Sólo así lo que pueda resultar interesante de esta Conferencia podrá ser valorado por muchas personas que el proyecto socialista (en genérico) necesita. La renovación del modelo de partido, a este respecto, resulta tan importante como la del programa.
Con esta reflexión he encendido hoy la radio y mañana valoraré lo que vayan contando los medios, que están, por cierto, a otra bola, a la suya: el chascarrillo, las peleas, los dimes y diretes de los personajes más mediáticos. Los conceptos, las ideas e incluso los ciudadanos importan menos.
