Perú sabe: 2. Grimanesa

La señora Grimanesa cocina los anticuchos más populares de Lima, pero hasta hace un par de meses carecía de restaurante propio. Los hacía en plena calle, en Miraflores, donde cada tarde instalaba su carretilla, sus parrillas y otros bártulos a la espera de que, poco a poco, pero incesantemente, el gentío la rodeara con la expectativa de sus guisos aderezados con condimentos tan poderosos como inolvidables.

A la señora Grimanesa la abandonó su marido con cinco hijos pequeños y sin otro oficio que haber sobrevivido a una esclavitud blanca, que han sufrido muchas mujeres peruanas. A los siete años una familia se hizo cargo de ella. A cambio de la manutención que la ofrecían, ella limpiaba, fregaba, lavaba e incluso cocinaba la casa de sus señores. Los hijos de aquella familia se mofaban de ella, la pegaban. Sin embargo, aún se muestra agradecida: “tenía de todo, pero no me daban ni un sol”.

Soñaba con su propio restaurante y con casarse. Obtuvo lo segundo, con el complemento efímero de un marido que se dio a la fuga y el perpetuo de sus cinco muchachos. Todos han estudiado. Uno, el mayor, aún permanece junto a su madre en el negocio. Él era quien ponía orden en la fila, el que cobraba los pedidos y el que entregaba el número que marcaba el turno. Junto a él y junto a Grimanesa, en plena calle, trabajaban otras siete u ocho personas.

Los vecinos protestaron por el ruido del público que se arremolinaba alrededor del esplendor de las brasas y del olor a corazón de res asado. Pero Grimanesa carecía de otras posibilidades y los clientes la sostenían cada tarde: unos se apoyaban en el muro junto al que se alineaban los fogones al lado de la acera, otros utilizaban el capó de sus coches como velador, algunos aprovechaban la intimidad del vehículo y aún quedaban huecos para quienes preferían arremolinarse tras la cocinera, pregonar sus virtudes y hacerse fotos, satisfechos.

Cada anochecer, al menos doscientas personas acudían a hacer su pedido para tres o cuatro comensales. Más de seiscientos platos, más de mil palillos, más de tres mil trozos de corazón. A Grimanesa la hizo famosa su habilidad culinaria, su sencillez y la sonrisa con la que recuerda los acontecimientos más terribles. La ayudó una visita de Gastón Acurio, el baluarte de la actual cocina peruana. Y la convirtieron en estrella de la gastronomía la televisión y un banco, que la transformó imagen de su propia marca.

Ahora Grimanesa ya tiene su propio restaurante, pero “mi mayor orgullo es que mi mis hijos ya no son como yo, porque todos ellos han estudiado”.

 

La historia de la señora Grimanesa forma parte del documental Perú sabe: la cocina, arma social, que, producido por Media Networks Latin America y Tensacalma, protagonizado por Ferran Adrià y Gastón Acurio, con guión y dirección de Jesús M. Santos, se estrenará en Lima el próximo 8 de junio.

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