
En democracia, preguntar a la gente nunca puede ser una mala solución.
¿Quién fue el último gilipollas que repitió esa solemne estupidez? Hay preguntas que las carga el diablo. Cada día conocemos más. La del referéndum colombiano, sencillamente, acojona.
Sólo el diablo puede estar detrás de determinadas respuestas. El satanismo se ha inoculado en nuestra sociedad y, ahora, a ver quién lo remedia…
