
Habíamos dejado de creer en la existencia del alma y los más ateos se empeñan en tener dos. Convencidos el ser humano no se explica por la dicotomía o la dialéctica entre el cuerpo y el alma, hasta los partidos políticos e incluso los movimientos que no aspiran a tanto se declaran poseedores de un alma doble. ¡Cuánta perplejidad!
Primera cuestión: ¿caben dos almas en el espacio único de un cuerpo?
Segunda cuestión: puesto que debe tratarse de dos almas distintas, porque, si no, para qué duplicarlas, ¿resultarán compatibles?
Tercera cuestión: ¿las diferentes almas se las arreglan solas para resolver las diferencias ya sean de matiz o de raíz? ¿O están abocadas al conflicto?
La existencia de las dos almas fue defendida durante mucho tiempo por el PSC y acabó en escisión, una especie de infarto. En los últimos días, por cuenta de las dos almas de la CUP, el frente independentista en Cataluña se ha partío, como el corazón de Alejandro Sanz. Y ahora nos preguntamos:
¿Quién llenará de primaveras este enero, y bajará la luna para que juguemos?
Dime, si tu te vas, dime, cariño mío, ¿quién me va a curar el corazón partío?
La cosa tiene mal remedio. El movimiento asambleario se ha dividido: para una mitad de sus afiliados, la prioridad pasa por la transformación de la sociedad desde un punto de vista económico y social, de izquierda clásica y radical (todo lo demás puede esperar); para la otra mitad, la prioridad pasa por el afán independentista (lo demás puede esperar). ¿Cómo podrán sobreponerse a esa realidad, a esa contradicción, a esa incompatibilidad? ¿Podrán superar los ciudadanos normales (los que no tienen alma o los que se dan por satisfechos con tener una) esa confusión de hoy-anticapitalista, mañana-independentista, pasado-diosdirá (tratándose de almas, la divinidad debe estar detrás) y así sucesivamente.
El problema no es exclusivo de la CUP como tampoco lo era antes del PSC. Esquerra Republicana lo resolvió hibernando o jibarizando el alma izquierdista. Otros han decidido alimentar en su propio cuerpo la dicotomía anímica. A Podemos le amenaza la duplicación por la vía de sus mareas lo que ha provocado ciertos mareos (por razones obvias) y un atolondramiento consiguiente que le invita a confundirse con tantas líneas rojas y recomendaciones tan dispares como las de Carlos Jiménez Villarejo y Ada Colau; según parece, él con menos almas que ella.
Mientras la política sea cosa de almas, de cuestiones de fe, de verdades reveladas, esta sociedad deberá ponerse en manos, no de los politólogos que tanto abundan, sino de teólogos.
Diga lo que diga Alejandro Sanz, el corazón partío no se arregla con tiritas. Se requieren… ¡milagros!
Algunos ya están en ello. Los anuncian a diario.
