Trilogía de domingo

1

El valor del bulo, la importancia de la mentira mil veces repetida, el interés decreciente de los argumentos, la eficacia inapelable de las emociones, el desprecio de la verdad, el triunfo definitivo de impresión sobre razón; todo ello aboba las estratagemas descalificatorias contra el adversario, impregnan –si no ocupan– el debate político y transforman –digamos, a veces– el debate público en un sinsentido.

Hoy, domingo, el periódico aparece repleto de hechos o comentarios que me incitan a pensar un día más en esa deriva de esta sociedad que, más que de la información o la comunicación, lo es de la imagen. ¿El lenguaje totalitario permite opciones democráticas; es decir, respetuosas con los derechos de los ciudadanos? ¿O pervierte, ya sea efecto o causa del mismo, el sistema que se dice democrático?

2

A Obama le niegan su origen y, por ende, su derecho a ser presidente. A Zapatero le han negado la legitimidad de su poder representativo . La confabulación política y mediática se instala en la ciudadanía. Sus efectos acechan a sus protagonistas: el partido se juega sobre el fango. Ganar es ensuciarse.

Ellos lo sabían. Para llegar al poder no basta con entrenar en césped artificial, también se ensaya en el barro.

Los ciudadanos son, a la postre, las víctimas del lodazal. Y del estiércol.

3

Menos argumentos, más trivialización. Menos discurso, más frases chispeantes. Más polémica, menos reflexión. Así en este tiempo como en los venideros. Menos pensamiento, más eruditos para ornar la banalidad.

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