
Los muebles de Ikea no son los mejores del mercado ni los más baratos ni los más bonitos, pero ofrecen un precio que los hace asequibles y, por supuesto, resultones. La multinacional sueca tiene un sistema de ventas e impone unas condiciones a los compradores peculiares, no siempre cómodas, pero la clase media urbanita ha dejado en sus cajas, con o sin tarjeta family, una parte significativas de sus ahorros.
Por varias razones. El mobiliario, la ornamentación y los enseres domésticos forman parte en este tiempo de lo efímero. Los muebles para toda la vida son una rémora, porque el concepto de toda la vida se ha esfumado de las pautas de conducta mayoritarias. Una vivienda suele ser un bien duradero, elegido para un largo periodo, y por ello en su revestimiento se opta por lo fungible o lo más fácilmente variable, algo que se pueda cambiar pasado un tiempo, algunas circunstancias, ciertos gustos e incluso el inevitable desgaste. En fin, que resulta más barato cambiar de muebles que de casa y que el cambio es una necesidad del ser moderno.
De todo esto hablan con frecuencia los habituales de Ikea, entre los que cabe suponer que se encuentran no pocos votantes de Podemos. Sin embargo, no parece que esas reflexiones estén en el fondo de la opción morada de presentar su campaña electoral cual catálogo de Ikea, de venta on line a 1,80 euros de precio, aunque sin devolución de lo aportado una vez adquirido el objeto a la venta.
No han sido esos los motivos, se supone, sino, como ha dicho Carolina Bescansa, la similitud entre la organización de la sociedad y la de la casa, una homologación harto discutible, y hasta rechazable, porque se trata de estructuras absolutamente distintas en casi todo, aunque se comprenda ese afán pedagógico que lleva a Podemos de las metáforas o las parábolas al catálogo comercial.
En este sentido cabe interpretar el formato del programa electoral podemita como un ejercicio absoluto de realismo y de transparencia. La campaña electoral es lo que es, el programa sirve para lo que sirve y hay objetivos verificables. Este puede ser el programa electoral más leído de la democracia, ha dicho la propia Bescansa; y por supuesto, el más visto, porque la imagen domina el mensaje y el texto apenas acompaña; otra vez el sentimiento sobre el argumento que domina la mensajería política contemporánea.
Estas notas sólo pretenden servir de divertimento, otro mantra de la reflexión supuestamente ideológica en la estamos inmersos. No obstante, concluye con una aportación con afán de objetividad: se comprende perfectamente la elección del formato de Podemos y se debe elogiar su transparencia, porque todos los clientes de Ikea saben que el catálogo es muy útil para acudir a la tienda e incluso para comprar en ella o a través de internet, pero, luego, cuando hay que montar el sofá, no hay manera de saber quién coño dibujó las instrucciones: o sobran piezas o, cuando el mueble parece prácticamente acabado, uno se da cuenta de que puso el segundo tablón… ¡al revés! Y hay que desarmar el artefacto, astillar varias piezas, soltar algún improperio y volver a empezar.
Son las cosas de creer en la república independiente de mi casa.
