Una invitación a repensar lo que se daba por sabido

No se trata de un libro de historia ni siquiera de una biografía. Menos aún, de un libro de memorias. El autor lo advierte desde el prólogo: esto va de literatura. Sin embargo, la obra –novela o lo que sea– está repleta de datos, de testimonios, de hechos, de documentos, de recuerdos, de opiniones, de horas y horas de búsqueda en fondos documentales, de conversaciones con protagonistas y testigos del tiempo y del personaje que centran el proyecto.…

El trabajo de documentación realizado evoca el perfil de un ratón de biblioteca, aunque sea tan solo una tarea ineludible para un escritor con un espacio reservado entre los narradores de la literatura española contemporánea que pretende adentrarse en la realidad de su propio país. Sin embargo, ese trabajo exhaustivo no pretende un relato irrefutable, sino una invitación a interpretar y valorar la realidad española del siglo XX y, en particular, a comprender –lo que implica también disentir– la contribución de quien, para el autor, ha sido el personaje más relevante de la España de ese periodo.

Sergio del Molino ha construido Un tan González (Taurus, 2022) a modo de un retrato de momentos, de situaciones, de instantes, de fotos que pueden parecer aisladas, aunque se sucedan las unas a las otras y, en todo caso, se relacionen; imágenes no tanto fijas como detenidas que invitan al lector a repensar esos fragmentos y a pasarlos por su propia moviola para comprender el movimiento que implica el paso del tiempo y para analizar y valorar un periodo extenso y fundamental de la España reciente.

Autor de alguna novela excelente como La hora violeta o la más reciente La piel –por citar dos obras distantes entre sí–, Sergio del Molino se convirtió en bestseller con La España vacía, una reflexión sobre el mundo rural desde una perspectiva demográfica o económica, pero, sobre todo, cultural, que se interpretó en muchos casos como un estudio sociológico. Su propuesta ofrecía una nueva mirada y nuevas perspectivas sobre ese territorio desde la literatura, la fotografía, el cine, el teatro, el arte; o sea, interpretando su aparente decadencia desde su incuestionable fortaleza. Y la desarrollaba a través de una narración inteligente y amena, un estilo en el que ahora reincide.

Lo que tal vez se interprete como una biografía, un estudio sociopolítico o un tratado sobre una época y un personaje… vuelve a ser una invitación a adentrarse en la complejidad y las contradicciones de un tiempo y de su principal protagonista. Incluso para quienes prefieran concentrarse en el relato más aparente, Un tal González cuenta con la garantía de un narrador excelente. Sergio del Molino lo es. Y sus obras encuentran, a partir de hechos en su mayoría ciertos y constatables, un estímulo para repensar lo sabido. Porque, muchas veces, lo que se ve y lo que aparece esconden la razón y el sentimiento de lo reconocido.

Un tal González vuelve a mostrar que una de las líneas más singulares de la trayectoria de Sergio del Molino como escritor: trascender los datos para buscar la realidad que desborda las meras apariencias. Una invitación para repensar lo que se daba por sabido, lo acuñado por la memoria e incluso por la historia.

¿Será eso la literatura?

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