Una obra de este tiempo

Aunque concebida antes de que el coronavirus absorbiera nuestras vidas, Llévame a casa parece escrita para este tiempo de pérdidas. Sin embargo, Jesús Carrasco evita contextualizar su relato en el momento actual, porque los asuntos en los que centra su atención trascienden la pandemia: el cuidado de los mayores, la responsabilidad de los hijos hacia sus progenitores, la complejidad de las relaciones familiares y las tensiones que pueden generar en el ámbito familiar el desarrollo personal y profesional de sus miembros.

En su primera novela “un niño, un viejo, muy pocos personajes más y un paisaje, un territorio imponente, son suficientes para trazar un relato vigoroso donde la palabra olvidada desvela sentimientos de siempre”.

En esta, tres personajes soportan la narración, pero el relato está cargado de objetos, de recuerdos, de frases y olores; de detalles y, también, de un paisaje que envuelve y define las relaciones humanas; de él forman parte los otros actores de la novela.

El paisaje, con la complejidad de todos esos elementos, vuelve a ser fundamental en la obra de Carrasco. En esta ocasión, sin el carácter avasallador de Intemperie, porque se trata de algo mucho más íntimo: el paisaje de la infancia y la juventud del autor, el de sus vivencias familiares y domésticas, el de los recuerdos y, tal vez, sus añoranzas; el que recorría campo a través o el que

le llevaba de la casa de Torrijos a Toledo o a lugares aún más cercanos.

El realismo crudo, casi quirúrgico, que disecciona y rasga las relaciones personales, se modula. En Llévame a casa se imponen otros tonos, porque las emociones forman parte de la narración y desde ellas se interpela al lector. Esta no es una historia sórdida en un paisaje hostil, sino el relato de una realidad cotidiana que solo se puede resolver desde el afecto. La obra interpela al lector sobre los modelos que la sociedad alimenta, sobre la familia y sus contradicciones; sobre el desarraigo como necesidad y como pérdida; sobre una ruralidad sin los clichés de la arcadia o el pasado; sobre las íntimas sorpresas que provoca lo en otro momento descartado.

La obra de Jesús Carrasco alude a algunos aspectos autobiográficos: su origen extremeño, su infancia y su juventud en Torrijos, su residencia en Escocia, su trabajo como friegaplatos o su afición atlética. Pero todo eso es mera anécdota. El relato se desarrolla a través de la sutileza de una propuesta abierta y la firmeza de un lenguaje preciso, crudo y evocador, que conduce al lector a través de la reflexión y la emoción.

Llévame a casa, además, atrapa. Su trama, aparentemente simple, apasiona.

Intemperie: una manera de ser, no de estar

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